miércoles, marzo 05, 2008

Mano dura

El Nacional, Vespertino Dominicano

Una buena parte de los que reclaman mano dura contra el crimen y el delito de los de abajo, han sido los mayores defensores del crimen y el delito de los de arriba, de los que roban bancos por dentro, de los que depredan el Estado, de los que evaden el pago de sus impuestos, de los que especulan con el hambre y la miseria de este pueblo.

POR JUAN TAVERAS HERNANDEZ
El Cardenal pide mano dura contra la delincuencia y el crimen.

Dirigentes políticos, empresariales y medios de comunicación coinciden en que la delincuencia tiene que ser combatida por las autoridades de manera ejemplar. Quieren mano dura.

En los barrios marginados, la gente humilde, en su desesperación, no deja de reclamar castigo para los que roban y matan sin piedad. ¡Mano dura!, le reclaman a la Policía en medio del dolor, del llanto y del luto. No es para menos.

El jefe de la Policía Nacional se siente impotente ante el avance arrollador de los robos, los asaltos y las muertes violentas.

Es difícil combatir el crimen y la delincuencia respetando al mismo tiempo los derechos humanos que le reclaman algunas voces nacionales e internacionales. Asegura, sin que nadie se alarme, que en las dictaduras el trabajo policial es mucho más fácil. Y de eso los dominicanos, como todos los latinoamericanos, sabemos mucho. Tal vez el jefe de la Policía aprendió esa lección en Chile, donde estudió. Augusto Pinochet, que ojalá se encuentre ardiendo en el infierno por los siglos de los siglos, dio cátedras durante 17 años de cómo se combate el crimen y el delito con mano dura, como lo hiciera mucho antes en nuestro país Trujillo, por más de 30 años.

Tiene razón el jefe de la Policía, en las dictaduras es más fácil; mucho más fácil. Claro, en los gobiernos de fuerza la ley primordial, la única ley, es la que impone el dictador, es la ley de la fuerza. En los gobiernos llamados democráticos la farsa impone leyes que casi nunca se cumplen cuando de los pobres se trata.

Yo también estoy de acuerdo con la mano dura.

La pregunta es, ¿contra quien? El concepto de “mano dura” tiene un sello de clase. Los derechos humanos también van de las manos con el ser social, con la categoría social, es decir, con el papel que ocupan los individuos con los medios de producción.

Una buena parte de los que reclaman mano dura contra el crimen y el delito de los de abajo, han sido los mayores defensores del crimen y el delito de los de arriba, de los que roban bancos por dentro, de los que depredan el Estado, de los que evaden el pago de sus impuestos, de los que especulan con el hambre y la miseria de este pueblo.

La igualdad ante la ley no existe. Para unos, manos dura, para otros, manos de seda.

Los de arriba jamás morirán en intercambios de disparos con la Policía. ¿Sabe usted quien remodeló el despacho y el antedespacho del jefe de la Policía Nacional a un costo de casi diez millones de pesos? ¿Sabe usted quien le donó al presidente de la República el Panteón., casi un Mausoleo, que se encuentra en el Cementerio Cristo Redentor? Los seres humanos no somos iguales ante Dios ni ante la Ley. Hay unos iguales que son más iguales que los otros. Esa igualdad o desigualdad viene dada por el papel que ocupan unos y otros en la sociedad. Decía Marx que “el ser social justifica la conciencia social”, y por lo tanto el papel que juega en la sociedad.

Tal vez lo que sabe el buen jefe policial es que los derechos humanos de esos hijos de nadie convertidos en criminales por la propia sociedad han sido violados desde que fueron concebidos. ¿Cuáles derechos humanos? ¿Acaso la alimentación y la salud no forman parte de los derechos humanos? ¿La educación y la vivienda no están en la lista? ¿Dónde están los derechos de un niño que nace en un barrio sin energía eléctrica, sin agua potable, sin una vivienda, sin escuelas ni hospitales? ¿Qué es derecho humano para un pobre hombre o mujer sin educación porque no pudo ir a la escuela o a la universidad, que no tienen empleo, ni lo tendrán? ¿Cuál es su destino? ¿Cuál será el destino de sus hijos cuando tengan que afrontar la vida? Para sobrevivir tendrán que robar y matar, si es preciso. Asunto de vida o muerte. Cuando un muchacho llega a determinada edad está obligado a delinquir para vivir. No tiene alternativa.

El país está dividido en dos. En los de arriba y en los de abajo. Los de arriba lo tienen todo. Los de abajo no tienen nada. Los de arriba tienen gobiernos, policías, guardias, abogados, jueces, curas, medios de comunicación, periodistas. Casi todos corrompidos.

Los de abajo no tienen educación, no tienen viviendas, no tienen trabajo, no tienen más que su pobreza y una esperanza secuestrada por políticos y religiosos. Se convierten en corruptos, en delincuentes, en criminales. A esos violentos, que roban celulares, que le arrancan cadenas de oro del cuello de cualquier mujer, que asaltan un colmado o una farmacia, mensajeros de narcotraficantes, pandilleros de mala muerte, para esos, ¡mano dura!

En cambio, para los que roban bancos desde adentro, para los que han hecho del lavado de activo una nueva profesión, para los evasores de impuestos, para políticos corruptos, para los funcionarios ladrones, para los depredadores de los recursos del Estado, para inmorales, para los macarras de la moral, nadie pide manos dura. Y lo que es peor, nadie le aplica la mano dura.

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