viernes, marzo 07, 2008

La columna de Miguel Guerrero


Por Miguel Guerrero / El Caribe

En un país sin instituciones como el nuestro, la reelección del presidente Fernández pondría en manos de una sola persona demasiado poder con derivaciones fatales para el presente y el futuro democrático.

No pretendo hacer predicciones sobre el porvenir. Pero no se necesita ser un experto para entender que en las circunstancias actuales y con los criterios predominantes en cuanto al ejercicio del poder en la esfera gubernamental, la reelección nos dejaría virtualmente sin oposición política efectiva, con los demás partidos mayoritarios enfrascados en pugnas y divisiones a causa de la derrota.

Las alternativas se debilitarían, con desplazamientos masivos de militancias hacia el litoral oficial, dada la generosidad con que se distribuye allí el patrimonio público entre sus adeptos y el clientelismo con que se le usa.

Con un proceso a iniciativa suya de reforma constitucional abierto, la reelección abriría al presidente todos los caminos para modificarla de suerte que le permita presentarse nuevamente como candidato en el 2012, con más posibilidades que ahora.

La única oposición real a la prolongación de su mandato provendría únicamente de su propio partido, pero ya hemos presenciando cómo en el tránsito hacia la consolidación de su poder personal las ha ido pulverizando, convirtiendo a potenciales adversarios en sumisos servidores de la reelección.

Los vestigios de disidencia quedarían reducidos a un pequeño bolsón representado por la llamada corriente danilista, sin peligro alguno en elecciones futuras.

Fernández es un político demasiado ambicioso y aferrado al poder como para abandonarlo con menos de 60 años en el 2012 en aras de una institucionalidad en la que definitivamente él no cree.

La reelección traerá consigo intolerancia e incertidumbre y acabará con el sueño de una democracia fuerte con gobiernos transparentes.

Miguel Guerrero es escritor y periodista
mguerrero@mgpr.com.do

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