lunes, febrero 11, 2008

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El Nacional, Vespertino Dominicano/Servicios Google

POR RADHAMÉS GÓMEZ PEPÍN
Desde su primera edición el 11 de septiembre del 66, hace hoy exactamente 41 años y cinco meses, El Nacional ha servido de puente para resolver un gran número de casos de personas enfermas que hubiesen muerto por falta de recursos económicos.

Nomás publicar uno cualquiera de esos casos, en seguida han aparecido dominicanos dispuestos a hacer las aportaciones necesarias para solucionarlos.

Es así como, por ejemplo, hay una señora amiga de infancia que, sin siquiera hacérmelo saber, ha costeado buen número de intervenciones médicas.

También lo han hecho numerosos peloteros de Grandes Ligas, uno de los cuales ha llegado a donar hasta 50 mil dólares para curar determinada enfermedad, con el sólo requisito de permanecer en el anonimato.

Creo que el primero de los casos publicados en El Nacional fue el de un niño de Ocoa o Baní. El sitio de nacimiento debe recordarlo Huchi Lora, quien cubrió la noticia cuando comenzaba su carrera. Ese niño, Carlitos, bebió por confusión un producto para el pelo que le destruyó el esófago.

El asunto es que, luego de publicarse, se produjo un movimiento público que llevó a Carlitos a Puerto Rico, con dos de sus familiares, en donde lo curaron con gran eficiencia.

Fue una pena, sin embargo, que uno de los acompañantes se resistiera a retornar a República Dominicana y tuvieran que sacarlo casi a empujones.

Recuerdo este primer caso, porque el más reciente me ha conmovido como no lo esperaba. Y su desenlace inesperado y fatal ha sido desgarrador.

Se trata del de Francisco Javier Ferrera, de 22 años, quien estuvo interno en la Plaza de la Salud en donde determinaron que se necesitaban 40 mil dólares a fin de enviarlo a México para curarlo de un cáncer.

Amigos de Francisco Javier instalaron un "car wash" ambulante y, en menos de 36 horas, habían producido unos 24 mil pesos.

Después, cuando yo comenzaba a dormir luego de una jornada sabatina que comenzó a las 5:10 de la mañana y terminó a las 8 y pico de la noche, me llamó Manuel Crespo, el secretario de la Juventud, para decirme que, por disposición del presidente Leonel Fernández, su despacho iba a contribuir con 20 mil dólares, además de los pasajes a México, de dos acompañantes.

Salté de la alegría y en seguida me puse en comunicación con cuantos compañeros tuvieran que ver con la noticia, para actualizar lo ya escrito. Crespo también hizo igual.

¿Tenía intenciones políticas la disposición del Presidente? Me importa. Ojalá hubiera imitadores.

El caso es que Francisco Javier falleció ayer a media mañana y lo supe cuando me preparaba a almorzar con dos de mis hijos y un amigo. No puede esconder mi pesar.

Esto me ha puesto a reordenar mi pensamiento, al extremo de que creo que no todo está perdido, porque consideraba agotada la calidad que exhibieron los amigos de Francisco Javier.

Este joven, en donde esté, de seguro hablará con orgullo y satisfacción de sus amigos entre quienes, con toda seguridad, sembró la mejor simiente.

Por eso descansa en paz.

rgomez@elnacional.com.do

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