sábado, abril 19, 2008

Sin temor ni favor


Por Luis H. Arthur S. / El Caribe


El infierno

El anterior papa Juan Pablo II durante su pontificado nos advirtió a los católicos que el cielo, el paraíso, no es un lugar donde los elegidos podríamos encontrarnos con nuestros seres queridos ya idos, lo que a muchos nos ha destanteado y llenado de incertidumbre debido a que fuimos criados de la forma convencional del catecismo y los curas de entonces, y al despedir a nuestros seres queridos, nos consolaba la esperanza de que en la eternidad les volveríamos a ver y a poder disfrutarles por siempre, sin dolores, penas, ni necesidades físicas.

Nos dijo el Papa que ese lugar era un estado del alma de felicidad plena en unión a Dios y el infierno era el estado del que se aparta definitivamente de Él.

El purgatorio, para los que mueran con pecados veniales y mortales ya perdonados, es un sitio de purificación. El limbo, un sitio medio indefinido donde iban los niños que no habían pecado, pero tampoco habían sido bautizados, quedó en el limbo.

El actual papa Benedicto XVI acaba de decir que “Jesús vino para decirnos que nos quiere a todos en el paraíso y que el infierno, del que se habla poco en nuestro tiempo, existe y es eterno para quienes le cierran el corazón a su amor”, y que el infierno no es un sitio de fuego, donde las llamas queman y se sufren penas inmensas, sino más bien un estado de vacío, frío, donde Dios no está presente.

Meditando sobre esto, creo que el cambio no ha sido drástico, pues lo mismo quema el fuego que el frío. El uno destruye y el otro puede preservar para ulteriores planes de Dios.
Total, que son tiempos de precisiones en que uno no sabe si sabe y tiene que cambiar para entender lo mal aprendido.


Algunos, los descreídos, dirán que nada de eso existe, ni como lo describían antes, ni ahora, pues todo termina al terminar la vida, y que vivimos aferrados a creencias convenientes que le dan sentido a nuestra existencia y que nos hace creernos eternos.

Las creencias religiosas nos ofrecen un asidero para los que no podemos entender y menos explicar para qué estamos aquí, por qué nacemos y en el corto paréntesis buscamos felicidad, sufrimos y a poco morimos.

Si Dios, que es perfecto, nos necesita para que en coro creciente lo alabemos, entonces el león
busca parecerse a Dios por caminos económicos.

luis@arthur.net

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