miércoles, mayo 07, 2008

Atrapado

El Nacional, Vespertino Dominicano

POR PEDRO P. YERMENOS FORASTIERI
Habiéndose establecido que ni en PLD ni el PRD pueden ser considerados, como consecuencia de sus prácticas y políticas públicas aplicadas desde el poder, representantes del sector liberal en el país, nos quedaría por analizar la oferta electoral que, en el próximo certamen, enarbola las posiciones que pueden ser catalogadas, con justicia, como progresistas.

Un segmento importante de la población dominicana sueña, desde los tiempos de la propia fundación de la república, con encontrar un refugio partidario donde depositar sus anhelos de una nación distinta a la caricatura en que tantos desgobiernos la han convertido. La edificación de esa guarida alternativa ha enfrentado una montaña de obstáculos que, hasta el momento, han impedido su concretización, convirtiendo a las huestes liberales en la gran derrotada del proceso político nacional.

Quienes han intentado esa construcción, han adolecido del vicio de justificar sus fracasos en las innegables dificultades que un sistema político tan poco equitativo como el nuestro representa para los proyectos minoritarios. Al margen de esa verdad incontrovertible, no pueden eludir su cuota de responsabilidad por no haber sido capaces de superar la reiteración de un cúmulo de errores de tanta incidencia en esa imposibilidad lamentable.

En el centro de esos yerros fatales, habría que ubicar la tendencia infantil de asumir la política como un ejercicio de improvisación que, en todos los casos, ha determinado participaciones en el escenario electoral y político tan o más convencionales que las fuerzas tradicionales del sistema al que proclaman combatir, con la agravante de que los conservadores suelen caracterizarse por una planificación estratégica de sus conductas políticas.

Una distorsión ha producido un daño histórico de gran repercusión: El desatino táctico de involucrar un proyecto liberal con las pretensiones de instauración de un régimen de izquierda, lo cual ha implicado la no captación de apoyo de parte de amplios núcleos de la sociedad con auténtica vocación democrática, pero reacios a dejarse seducir por radicalismos y extremismos que les lucen desfasados y atemorizantes. Eso ha entregado en los brazos oportunistas del conservadurismo, a miles de potenciales adherentes de vocación liberal.

Deponer el afán excesivo de protagonismo y aplicar los correspondientes antídotos contra el sectarismo desmembrador han sido otras de las ineptitudes que han acusado los más llamados a impulsar la unidad de un conjunto de fuerzas sociales e individuales que hubiese permitido la estructuración de una opción con posibilidades de competir exitosamente con adversarios a los cuales sólo es posible derrotar con inteligencia suprema y despojándose de actitudes inmaduras y peregrinas.

Esos lastres pesadísimos se ponen de manifiesto en las siempre tardías incursiones en los procesos electorales de las opciones pretendidamente alternativas, quienes tienen más dificultades para seleccionar candidaturas que los propios conservadores, adicionando a los males descritos, la falta de tiempo para promocionar sus propuestas, lo que determina, por lógica, unos pírricos resultados, con las consecuencias negativas hacia el futuro que eso acarrea. Ese ha sido un ciclo repetido en múltiples ocasiones, en las cuales, después del golpe, se jura haber asimilado las lecciones aprendidas, hasta que vuelve la oportunidad y con ella la reiteración de los mismos desaciertos. En ese contexto, el martes volvemos con la candidatura de Guillermo Moreno.

yermenossantos@codetel.net.do

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