domingo, mayo 25, 2008

Ningún acuerdo

El Nacional, Vespertino Dominicano

POR JUAN TAVERAS HERNANDEZ


Para mantenerse en el poder y evitar que la mayoría de sus funcionarios fueran sometidos por prevariación, el presidente Leonel Fernández compró las elecciones a un precio muy alto que ahora tendrá que pagar.

Sacando recursos de todas las instituciones del Estado, incluyendo del Banco Central, subsidió la reelección; estableció una nómina pública clandestina para militantes de su partido, compró los dirigentes de la oposición que estaban en el mercado, gastó miles de millones de pesos para llenarles la boca de papeletas a más de mil periodista.

y a varios dueños de medios; embadurnó todo el país de vallas y afiches que le costaron una fortuna, compró millares de cédulas, tomó un préstamo ilegal de 130 millones de dólares para también gastarlos en la campaña, intervino en la Suprema Corte de Justicia para que no conociera los recursos de inconstitucionalidad presentados por la oposición; avasalló a los partidos que le adversaban, dividió y destruyó prácticamente al Partido Reformista.

En ese proceso traumático para el sistema democrático y sus instituciones, el presidente desarticuló la economía; elevó excesivamente el gasto público poniendo en riesgo sus propios logros económicos, principalmente la estabilidad cambiaria. No previó la crisis alimentaría ni los altos precios del barril del petróleo; no respetó su propia ley de austeridad. En fin, se olvidó del país y de lo que estaba ocurriendo en el mundo.

En ese festín indiscriminado, el gobierno gastó lo que no podía, provocando un agravamiento de la crisis económica.


Ahora tiene las manos en la cabeza sin saber qué hacer ni como hacerlo.
Está abocado a eliminar o reducir los subsidios, tendrá que aplicar austeridad, reducir el gasto público o aplicar una cuarta reforma fiscal que seria devastadora, y acudir nuevamente al Fondo Monetario Internacional.


El presidente le compró las elecciones al pueblo a un precio muy alto. Ahora quiere pasarle la factura al mismo pueblo. Es dentro de ese marco que el presidente y el Cardenal, su socio en la campaña, llaman a la concordia y la unidad nacional. ¡Qué bonito! ¿No? ¿Ahora? ¿Por qué no antes del 16 de mayo? Anjá, ¿Por qué ahora? El presidente Fernández estaba ocupado en avasallar y maltratar a los que hoy llama a la unidad nacional; estaba montado en el Metro haciendo piruetas, y cuando no, pues dedicaba el tiempo libre a visitar tránsfugas y traidores para luego comprarlos.

Quiere que al PRD de socio en la quiebra del país; un socio que pague la mitad de sus deudas. Y quiere que le perdone sus travesuras de la campaña electoral. Pues no, el PRD es un partido de “perros realengos y viralatas”, cuyos dirigentes no pueden debatir con el presidente que es la única persona en este país con capacidad para “conceptualizar”. ¿Para que llamar a esos “perros realengos”? ¿No sería perder el tiempo?

La actitud del presidente es similar a la del marido abusador que golpea a su mujer, le instala una querida, gasta el dinero en parrandas. Llega borracho a la casa con la puesta del Sol. Cuando la necesita la llama y le pide perdón. Ella lo perdona, pero él vuelve a los maltratos. Un día la mata.

Ya está bueno de que el PRD y el pueblo hagan el papel de esposa sufrida, que en aras del bienestar de la familia, hace los mayores sacrificios.

El presidente Fernández no se ha juramentado para su nuevo mandato cuando ya se trabaja en el proyecto reeleccionista del 2012.

Modificar el artículo 49 que establece el “nunca jamás” es vital para Fernández, pues de no ser así, el candidato del PLD para las elecciones del 2012 tendría que ser Danilo Medina, Radhamés Segura, Jaime David Fernández Miralbal o cualquier otro dirigente de ese partido.

El presidente, como el marido abusador, mientras pide perdón por los pecados de la campaña, va de parranda en busca de nueva reelección.

El PRD, junto al sector de Danilo Medina dentro del PLD y el PRSC, le harían un gran servicio a la democracia si desde ya anuncian su oposición a la reforma constitucional.

El dinero correrá en el Congreso para comprar la voluntad de los legisladores de la oposición. Habrá que ver si los legisladores del PRD son del PRD; habrá que ver si los legisladores de Danilo Medina siguen siendo de Danilo Medina. Habrá que ver si los legisladores del Partido Reformista siguen siendo de ese partido.

La campaña no termina nunca.

El PRD tiene que colocarse a la altura. Abocarse a un proceso de crítica y autocrítica para fortalecerse. Retomar la institucionalidad, que sean los organismos de dirección, Presídium, Comisión Política, Comité Ejecutivo..., que tracen las políticas que han de conducirlo nuevamente al poder.

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