miércoles, mayo 28, 2008

Consumado está

El Nacional

POR PEDRO P. YERMENOS FORASTIERI
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Por uno de esos imperativos ineludibles del amor de pareja, este artículo y el siguiente, a ser publicados el 20 y el 27 de mayo, respectivamente, debí escribirlos antes de la consumación de los hechos previsibles que he venido analizando en las últimas entregas. No importa. Es tan firme el convencimiento de lo que va a suceder, que no percibo diferencia en hacerlo antes o después del acontecimiento del día 16. Todo se reduce a la crónica de una fatalidad anunciada.

No hablo de resultados, ni de posicionamientos de candidaturas. Nunca antes había sido tan cierto aquello de que “el orden de los factores no altera el producto”. Los competidores con posibilidades de ganar se han igualado tanto en sus hábitos políticos, que la única diferencia en si es uno u otro, es la claque que será beneficiaria del pudín a ser repartido. La nación, como tal, eterna espectadora de esa piñata que paga, pero no disfruta, habrá concurrido a la reiteración de su tragedia, la de un pueblo ingenuo que, a poco transcurrir, dimensionará la nueva estafa a la que ha sido sometido.

Habrá quedado confirmada la tesis de que el país está atrapado a partir de una definición que no deja espacio a la esperanza. No sólo se trata de que idénticos protagonistas seguirán imponiendo su nefasta vigencia, sino que, lo más importante, serán continuadores de los métodos y prácticas que es preciso erradicar. ¿Acaso no han sido suficientes los períodos que han gobernado para que tengamos las pruebas de que son incapaces de hacer lo necesario para enmendar un sistema político completamente agotado?. No habrá ni “cambio para mejorar” ni “seguirá un progreso” que no trasciende los bolsillos henchidos de dinero y poder del mismo grupito de siempre.

Poco importa que se haya concretizado la profecía del primer boletín, procurada a golpe de millones y millones de pesos y mentiras, literalmente botados en una urna sin retorno, perfeccionándose así una de las muecas más descaradas que se haya dibujado jamás sobre el rostro famélico de la pobreza nacional. Tampoco tiene importancia, para ellos, que haya que esperar 45 días. Después de todo, eso sólo repercute en la intensidad de la apretada que habrá que dar a la espartana rosca del patrimonio público.

Se haya o no impuesto la reelección, habrá quedado comprobado, como si hiciera falta, que se trata de un elefante gigante, frenético y desquiciado, que por estas latitudes sólo sabe caminar sobre la frágil cristalería de la maltrecha institucionalidad nacional, por lo que ninguna pieza es capaz de sobrevivir a su paso demoledor y apabullante.

De igual manera, se ha evidenciado que la JCE carece de la autoridad requerida que permita viabilizar una contienda que vaya más allá de una desfachatada muestra de inequidad, donde los recursos, sin importar su origen, y la primacía en las oportunidades de algunos actores, suplantan la capacidad de los votantes para elegir con absoluta libertad. Al margen de que compute bien los sufragios y que logre prescindir de los “notables”, no pudo evitar el fraude institucional previo al depósito de la primera papeleta electoral.

En cualquiera de las vertientes que haya terminado imponiéndose en una contienda que de democrática tiene muy poco, al publicarse estos artículos, escritos antes de los hechos finales, todo estará consumado, aun no se haya confirmado si la horca que estrangula el cuello de la nación cambiará o no de verdugo. Eso será asunto de puro ritual. En la práctica, la conclusión será la misma, la víctima quedará despojada, con violencia, del aire vital para su existencia. Algo ejecutado, irónicamente, por las mismas manos que tanto prometieron salvarla. Conceptualización más o conceptualización menos.

yermenossantos@codetel.net.do

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