viernes, mayo 23, 2008

Sin temor ni favor


Por Luis H. Arthur S. / El Caribe

Energías renovables III

Nadie puede venir al país, instalar una hidroeléctrica, usar nuestras aguas, vendernos en dólares los Kwh producidos y alzarse con los beneficios en divisas sin pagar por el energético agua. Tampoco lo puede hacer en ningún otro país con ningún recurso natural propio.

Actualmente EGEHID, la Empresa de Generación Hidroeléctrica, no paga por el agua que usa, porque no existe la “Autoridad del Agua”, como en México, por ejemplo, y dado que la empresa es propiedad estatal, no hay muchos problemas pues sería sacar el dinero de un bolsillo para metérselo en el otro, aunque esa forma implique una falta de orden administrativa.

Cuando Alemania donó al país la hidroeléctrica Los Toros, de 5 Mw, en Azua, exigió que pagaran el agua usada del ingreso por generación entregada, y este dinero fuera en ayuda de esa comunidad para su progreso.

Es el único caso en que nuestro energético se paga y nos fue impuesto como algo normal. Nosotros, una pequeña media isla, no tenemos recursos energéticos “convencionales”, pero sí tenemos muchos “no convencionales”.

Nos llueve bastante, tenemos hasta 30,000 Mw de potencial eléctrico eólico sólo en tierra; de sol y mar son cifras astronómicas.

Esos son nuestros grandes recursos, otros tienen esos mismos y además petróleo, carbón, uranio… Nosotros no.

Ellos venden los últimos que tiene mucha demanda, dan divisas y se transportan. Nosotros sólo podemos comprar y usar lo que tenemos y economizar divisas.

Es mucho, aunque nunca lo hayamos visto así. La Ley 57-07 no contempla el cobro del energético nuestro a los que vengan a instalarse y se les otorguen concesiones. La ley no los valora y eso es un grave error, una falta de visión con perjuicio nacional.

Vespasiano, uno de los emperadores romanos, buscando impuestos llegó a cobrar por el aire, que es propiedad del Estado, y lo hacía por el número y área de las ventanas de las casas.

La gente comenzó a taparlas y tuvo que eliminarlo, pero dejó el que cobraba por el uso de las letrinas públicas, y la gente, en venganza las bautizó con su nombre como aún se les conoce en Italia.

Debemos entender que cada país tiene sus recursos propios y diferenciados y tiene además el derecho inalienable, legal y moral, de cobrar por ellos.

¿Lo entienden mis lectores?
luis@arthur.net

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