sábado, mayo 24, 2008

¡¡¡Misión cumplida!!!


Lic. Luis Ma. Ruiz Pou

“La misión es el motivo, propósito, fin o razón de ser de la existencia de una empresa u organización porque define: 1) lo que pretende cumplir en su entorno o sistema social en el que actúa, 2) lo que pretende hacer, y 3) el accionar para quién lo va a hacer (…..) Jack Fleitman, “Negocios Exitosos”.


Toda misión que pretenda lograr definir una reelección, tiene que moverse sobre la base del clientelismo, la corrupción, extorsión, chantaje, compra de conciencias, etcétera; porque el “el fin justifica los medios”. Y la misión o fin de todo repostulante es, al fin y al cabo, permanecer en el cargo, para el cual fue elegido, a cualquier precio.

La re-elección, como ideario de principio, estatutariamente, está prohibida en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), desde su fundación en La Habana, Cuba, en 1939. Fue la piedra en el zapato durante el primer periodo de los doce años (1966-78) y en el segundo (1986-94) del doctor Balaguer. La re-elección siempre derrotó al PRD, con excepción del 78. En el 94 el famoso fraude electoral provocó la modificación de la Constitución para lograr su prohibición.

Sin embargo, como ironía de la vida política, el gobierno del PRD 2000-2004, presidido por Hipólito Mejía, osó modificar la Constitución para intentar re-elegirse, pero fue derrotado por la división de su organización presidida por Hatuey D’camps, quien diera la orden insólita a su militancia para que votara mejor “por el Diablo” y no por el PRD.

El “Cacique”, al conocer los resultados electorales a favor del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), se trasladó a la tumba del extinto líder José Francisco Peña Gómez para informarle de la “misión cumplida” de su parte, por lograr la derrota de la re-elección. Ese intento fallido provocó una fisura en el PRD y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) con el doctor Leonel Fernández, se coló nuevamente en el Palacio Nacional.

Durante el mandato 2004-2008, Leonel Fernández se propuso la misión de buscar un segundo mandato y, para tal fin, utilizó todo tipo de herramientas contra la oposición, desde la compra de dirigentes opositores hasta la violación de la Constitución, con el caso del préstamo de la Sund Land, la Ley General de Presupuesto y Ley de Gastos Públicos, al hacer uso y abuso de los recursos para comprar cédulas, como lo comprobaron autoridades que llegaron a apresar personas dedicadas a esa tarea deleznable.

Para estas elecciones se inscribieron siete candidatos pero, evidentemente, solo tres tenían posibilidades y eran opciones reales para ocupar la oficina principal del Palacio Nacional. Ellos eran Leonel Fernández, por el PLD; Miguel Vargas, por el PRD, y Amable Aristy Castro, por el PRSC.

No quedó claro que el Cacique Hatuey se opusiera a la re-elección de Leonel Fernández con la misma vehemencia como lo hizo frente a Hipólito; antes por el contrario, en el momento concreto en que debía plantearse un ataque frontal contra Leonel, prefirió entrarle como la conga a su dos veces compadre de sacramento, Miguel Vargas (MVP), en una franca y poco disimulada alianza a favor de su amigo a la carrera Leonel Fernández Reyna, quien se benefició de la ayuda que Hatuey se impuso, cumpliendo así con la “misión” encubierta de concretizar la re-elección.
No optó por la aspiración de su compadre, sino por la de Leonel Fernández en primera vuelta; que, por cierto, estaba consciente de que sería derrotado en una segunda, por lo que se esforzó en evitarla.

Hatuey evidenció que tenía su “zurrapita por dentro” en pro de la reelección y, en esa tarea, se llevó de paro al ”buenón” de Eduardo Estrella, de quien utilizó su estrella política para quitarle votos al PRD; pero se fue por el derrocadero, puesto que el porcentaje pírrico que siempre sacó como líder en las luchas internas dentro del PRD, fue bastante análogo al mismo obtenido en estos comicios con la -IV Vía- montada en su “Toro”.

Una vez más las pretensiones de la re-elección, con el clientelismo político, la corrupción y la extorsión, ha logrado de nuevo derrotar al PRD, y en la primera vuelta. Pretendiendo aparecer como un noble político, Hatuey D’Camps, antes de mostrarse coherente con sus cantaleteados principios de “anti-releccionista” se apresuró a felicitar a Leonel por haber sido reelecto. Ahora Hatuey, debe de nuevo volver a la tumba del difunto líder y decirle: ¡¡¡Peñaaa!!! -Hatuey presente- ¡¡¡Misión cumplida!!!

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