jueves, mayo 08, 2008

El cáncer del servilismo

El servilismo, la falta de sanción moral, el culto a la personalidad de los gobernantes, la ausencia de espíritu crítico, la búsqueda de los intereses particulares, el temor a decir la verdad han esculpido el perfil de nuestra república.

Por Marisol Vicens Bello / El Caribe

Al analizar nuestra historia tenemos que concluir que muchos de nuestros males se han arrastrado desde la fundación de la República y están muy relacionados con actitudes que en un determinado momento asumen mayorías, aunque siempre han existido ciudadanos dispuestos a romper el molde.
La actitud ciudadana es la que determina el éxito o el fracaso de una nación, y no necesariamente el gobierno que la preside. Las grandes transformaciones se operan cuando los ciudadanos están listos para que se produzcan, así como tampoco se producen cuando éstos no están dispuestos a asumir su rol y prefieren permanecer atrapados por el estado de las cosas.

El servilismo, la falta de sanción moral, la permisividad, el culto a la personalidad de los gobernantes, la ausencia de espíritu crítico, la búsqueda de los intereses particulares, el temor a decir a la verdad, entre otras nocivas actitudes, han esculpido el perfil de nuestra República.
También la equivocada visión de que las autoridades son semi-dioses a los que debe agradecerse cuando en realidad no son más que mandatarios que ejercen poder por delegación del pueblo.

Quizás por esto se dice que los pueblos tienen los gobiernos que merecen, y es que todo cuanto los gobiernos son capaces de hacer depende en gran medida de la actitud ciudadana, de cuán crítica y comprometida la misma sea y cuánto esté dispuesta a tolerar.

Cuando se observa el actual panorama electoral podemos identificar muchas de estas dañinas actitudes que históricamente han sido estimuladas por los gobiernos de turno como forma de retener el poder.
Y no es que los gobernantes no tengan la capacidad de distinguir entre los apoyos sinceros o las efímeras adhesiones de mercaderes de la política que venden al mejor postor su apoyo, sino que simplemente están dispuestos a utilizar cualquier medio para obtener su fin.

Las acciones que el partido oficial criticó cuando era oposición son las mismas que ha asumido en el ejercicio del poder.
El uso y abuso de los recursos del Estado, el total involucramiento del gabinete en la campaña, la utilización de los medios de comunicación con fines exclusivos de promoción de la candidatura oficial mediante programas animados por funcionarios y respaldados por el derroche de la publicidad gubernamental, la promoción del transfuguismo, la repartición de dinero en campaña, fueron todas acciones criticadas en el pasado por el partido oficial, que aparentemente hoy desde el poder se ven como válidas.
Los partidos de oposición que han detentado el poder, asumen hoy un rol crítico frente a las mismas, aunque sin mucha credibilidad habida cuenta de sus pasadas acciones.

Sólo un cambio de actitud ciudadana puede romper este círculo vicioso, pero para esto es necesario que los líderes de la sociedad política, religiosa y civil estén conscientes de la necesidad de educar ciudadanos más críticos, más comprometidos con su nación y menos temerosos de cuestionar al poder y de exigir sus derechos.

Cuando estemos dispuestos a pensar en nuestro país más allá de la campaña electoral y del resultado de las elecciones, podremos darnos cuenta de que extirpar el cáncer del servilismo y otras nocivas actitudes es indispensable si queremos realmente transformar nuestra nación.

Marisol Vicens Bello es abogada

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