martes, octubre 30, 2007

SONDEO/Un disparate

Luis Encarnación Pimentel
Listín Diario, Matutino Dominicano
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Cuando todavía los restos mortales del padre Luís Quinn no habían sido traídos de Miami, ya en nuestro pueblo (que el religioso hiciera suyo) circulaba la versión de un movimiento que buscaría cambiar el nombre de la provincia de San José de Ocoa por el del guía espiritual recién fallecido.
Sería un error, un disparate, pensamos en el acto.

Pasaron los días y, efectivamente, se estaba en eso, y hasta de un proyecto de ley se llegó hablar, motorizado por el senador Pedro Alegría. En privado, sabemos de un sinnúmero de personas, de Ocoa, y de fuera de allí, que desaprueban la idea, sencillamente por innecesaria.

El padre Quinn es sinónimo de San José de Ocoa y, de por sí, ya uno es parte del otro y ninguno se hace más grande ni más importante porque uno adopte el nombre del otro. Probablemente seamos los primeros en plantear públicamente total desacuerdo y rechazo a la idea, ya propuesta.

El padre Quinn, por sus aportes inigualables a Ocoa y al país, es merecedor de todos los homenajes, de todos los honores, pero sin llegar al punto de pasarle por encima a cosas tan elementales como la tradición, la realidad y la prudencia.

Superado el nombre original de El Maniel, ya el de San José de Ocoa está en el disco duro de generaciones de ocoeños y dominicanos, por lo que intentar un cambio a estas alturas, como también han estado sugiriendo algunos banilejos con Baní y algunos salcedenses con Salcedo, sería más que inoportuno, un gran disparate, con todo y los méritos ganados, que son muchos, del padre Quinn, de Máximo Gómez y de las mártires hermanas Mirabal, respectivamente.

En el caso de Ocoa, el primero que se opondría a que el nombre de la provincia fuera cambiado por el suyo sería él, que se entregó y siempre vivió al servicio de los demás. Hay que tener cuidado para no sobreponer la emotividad a la realidad. Hay que honrar y reconocer las obras de los grandes vivos o de los fallecidos que por sus aportes y méritos nunca mueren, pero sin perder las perspectivas.

En todo caso, el mejor homenaje que se le puede hacer a prohombres como el padre Quinn es emular su ejemplo, tratar de imitarlo en todo lo bueno y contribuir a que, con el paso de los días, su obra se agigante cada vez más. Por ejemplo, contribuyendo a terminar un colegio que fue su último gran sueño inconcluso.

Por demás, Ocoa fue complacido en dos grandes sueños: Al pedir que no le trasladaran a Quinn y al lograr que el Papa autorizara que su tumba estuviera dentro de la iglesia, como centro de recuerdos y eterno peregrinaje del pueblo.

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