viernes, septiembre 18, 2009

Políticamente no soy nada, excepto un voto y una voz

Por Margarita Cordero

Reconozco mi insignificancia y quizá por eso soy una mujer tranquila. No aspiro a nada más de lo que poseo y me desbordan mis amores más íntimos. Me hace regurgitar la sola idea de que alguna vez, y a edad tan tardía, pueda cambiar lo que aprecio y me llena por la apariencia de poder que da el Poder.

Durante más de 30 años permanecí vinculada política y emocionalmente (y que, por Dios, nadie se rasgue las vestiduras por esta admisión inútil por redundante) al Partido Revolucionario Dominicano. Le acepté un cargo a Hipólito Mejía en el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) cuando ganó la Presidencia en 2000. Digo hoy públicamente y como reconocimiento en deuda, que jamás me pidió absolutamente nada. Quizá tampoco fue necesario para él. Así que nunca coartó mi libertad de decir y hacer, ni en el Indotel ni como periodista. Escribí contra su reelección y me inscribí entonces en el PRD para votar contra él y lo propalé a los cuatro vientos.

Mi libertad fue tal que me opuse de manera sistemática en el Indotel a decisiones que, supuestamente, eran su directriz. Fueron muchas –no recabo ridículos méritos tardíos, que conste— las resoluciones del Consejo Directivo que adversé de manera tan vehemente que Orlando Jorge Mera, presidente a la sazón del organismo, decidió dejarlas en suspenso para aprobarlas luego en “segunda lectura” aprovechando mi ausencia. Verbigracia, la que autorizaba las interceptaciones telefónicas.

Antes de que todo eso ocurriera fui, más que amiga, una ferviente admiradora de lo que José Francisco Peña Gómez representaba como ruptura social. Lo declaro en una entrevista publicada poco después de su muerte en el periódico Hoy: él fue mi último héroe. Su muerte, que fue la muerte de una parte vital de mi historia generacional, dio rienda suelta a una iconoclasia que él, percibiéndola, siempre respetó porque era un demócrata a carta cabal.

Apenas recordado en su partido –dirigido hoy, entre otros similares, por quien debió retirar del Listín Diario un artículo infamante porque la muerte de Peña Gómez el domingo 10 de mayo hubiera hecho insoportablemente grotesca su publicación el lunes 11— él sigue siendo un referente para mí. Cuando le hicieron fraude en 1994 lo defendí con una ferocidad que aún hoy me enorgullece, pero lloré a moco tendido. En 1996, cuando perdió de la alianza indigna del peledeísmo y el reformismo, no derramé una sola lágrima. Y no lo hice porque casi la mitad de este país resistió la más asquerosa campaña que se haya hecho jamás contra político dominicano alguno, y le dio su voto. Sentí a Peña Gómez reivindicado por la voluntad de los pobres que lo llevaron a alcanzar casi el 49 por ciento de los votos. No había por qué llorar. Felipe González lo dijo dos años después frente a su tumba abierta: en el corazón y la conciencia de los dominicanos y dominicanas, él era el Presidente. En 1996 había acontecido un fraude político y social que solo aparentemente se imponía sobre la percepción del pueblo dominicano de la realidad. El 2000 lo demostró.

Octavio Paz habla en su libro “Tiempo nublado”, y lo hace con envidiable sapiencia, de los procesos históricos que él llama de cuenta larga. Reivindicar la voluntad democrática, la capacidad de entender y responder a la sociedad que tuvo José Francisco Peña Gómez, es parte de la cuenta larga de la historia democrática-liberal dominicana. La sociedad, pese a lo que aparenta, tiene hambre de una política que no sea prisionera del dinero ni del miedo.

Hoy me siento tranquila. En ver la historia como proceso soy más religiosa que cualquiera que en verdad lo sea. Mi único dogma de fe es el tiempo, y para ver cumplir en él lo que espero, supero a Job en su bíblica paciencia. En el transcurso, puesto que ser paciente no me hace imbécil, declaro que prefiero que la tierra me trague antes que depositar nuevamente un voto por el PRD.

Lo digo en el título de este artículo: políticamente no soy nada, excepto un voto y una voz. Mi voto no será más del PRD y mi voz hará todo lo que pueda por propalar a los cuatro vientos su inadmisible apostasía de la más elemental dignidad política y social. Estoy convencida de que el esfuerzo, aunque mínimo, no será en vano.


miércoles, septiembre 16, 2009

Maltrato entre hermanos

Por JC Gutiérrez

El proceso de las primarias demócratas para los aspirantes dominicanos finaliza en una carrera que no sólo ha sido decepcionante, sino como una película del viejo oeste, con el ingrediente de una refinada demagogia, pero con el despiadado objetivo de ganar como sea.

Como en el 2001, en Washington Heights-Inwood y Marble Hill hay ocho candidatos que buscan la representación del Distrito 10 en el Concejo Municipal, pero la novedad con respecto al sufragio, no sólo son los aspirantes que sustituyen a los que se fueron o sacaron, sino que Ydanis Rodríguez, uno de los que fuera menos aceptado por la Maquinaria Demócrata, es ahora uno de sus delfines.

Después de pasada las primarias se daría por sentado que Rodríguez se convierta en el próximo concejal del Distrito 10, aunque sin votaciones elevadas y sin la imagen de figura independiente que exhibió durante ocho años, dicen algunos expertos.

Claro, Ydanis va a la primaria amparado por la maquinaria formidable que liderea Charles Rangel en la ciudad y que capitanea el asambleísta Adriano Espaillat en Washington Heights.

Sin embargo, de acuerdo a varios analistas, el apoyo que ha concitado por parte de los jefes demócratas, podría ser una espada de doble filo ya que, por un lado, estaría comprometido con las exigencias del grupo de Espaillat, y por el otro, con los reclamos de la agenda progresista que pregonaba cuando se le veía favoreciendo demandas populares. Todo esto sin contar su remoto vínculo con el doctor Rafael Lantigua, alto funcionario de Columbia University y uno de los fundadores de Alianza Dominicana.

Quizá por esto algunos atinan a decir que después de la caída de Miguel Martínez, Ydanis pudo haber logrado el mismo posicionamiento que tiene sin contar con Espaillat y su gente.

“Fue una alianza en la que Espaillat y Rangel fueron quienes más ganaron, ya que lograron disipar el humo negro que dejaban las acusaciones contra Martínez con la puesta en escena del liderazgo que, de acuerdo a su lema, vive en casa de cristal”, dice un analista.

Tal vez la sabiduría y la experiencia política de Ydanis y su equipo, que incluye a peledeistas muy versados, los ha llevado a la conclusión de que debe darse dos pasos hacia atrás para achar uno hacia adelante.

Los otros candidatos

Por otro lado, la participación de Luis Facundo, Cleofis, Sarete y Manny Velázquez podría debilitar el voto duro con el que cuenta la maquinaria demócrata en el Alto Manhattan, ya que los dos primeros representan gentes disgustada con Espaillat y el tercero hereda a votantes y activistas que simpatizaban con Martínez y ven en su caída una conspiración en la que pudieron haber tomado parte acólitos del asambleísta.

En el caso de Rubén Darío Vargas, habrá que ver si aún mantiene vigente el voto duro que obtuvo en el 2005, cuando en enfrentamiento con Miguel Martínez casi mil 500 personas lo favorecieron. Este candidato ha ido ganándo un espacio político en el Distrito 10. Goza de la simpatía de muchos sectores y se le ve como uno de los aspirantes más responsables.

De los otros aspirantes, Francesca Castellanos, Francisco Spies y Richard Realmuto (de origen italiano) se duda que puedan dar un susto, pero de algún modo restarían votos a quien se ve como favorito.

Y es probable que tomando en consideración estos puntos, Ydanis y sus voluntarios, trabajen con el esfuerzo de quien está en tercer lugar, con el convencimiento de que la alianza con Adriano, aparte de que difumina la palabra coherencia, estaría sellada con un material tan blando como la cera.

Es por ello que todos los esfuerzos de Ydanis estarían dirigidos a lograr un triunfo aplastante para granjearse algún respeto duradero entre los jerarcas demócratas y cierto sofocamiento de las voces de oposición que aguardan en las trincheras a un eventual incumbente que se vende como el bálsamo de los dolores de los residentes del Distrito 10, que a veces parecen creer que un concejal es como el presidente de los Estados Unidos y no uno entre cincuenta y dos.

Candidatos del Distrito 7 y del 14

En el distrito 7 tenemos a Manuel Lantigua, quien presenta un programa de trabajo que supera en mucho al del actual incumbente Robert Jackson, pero no cuenta con la bendición del clan de Rangel y Adriano, y a pesar de ello tiene muchas probabilidades de ganar ya que concita la simpatía de la mayoría del liderazgo latino del área.

Por último, tenemos el distrito 14 del Bronx, donde Yudelka Tapia, una legendaria luchadora por los derechos de la comunidad trabajo arduamente por lograr la posición frente a dos aspirantes como la concejal María Báez y Fernando Cabrera, quienes son apoyados por las dos maquinarias en que está dividido el Partido Demócrata en la tierra que alberga uno de los más grandes zoológicos del mundo. Ambos candidatos, uno mitad dominicano, se han tratado como enemigos furibundos.

El enfrentamiento entre Yudelka y Cabrera, podría convertirse, en un futuro no muy lejano, en el Waterloo de Adriano, pero ya este es un tema para artículo.